CARRACEDO: MONASTERIO Y MILENARIO (1990)
           Al empezar estas líneas para la revista que todos los años publica la Basílica de Nuestra Señora de la Encina con motivo de sus fiestas patronales, no tengo más remedio que intentar relacionar un poco lo que este año estamos celebrando, en lo que fue uno de los monasterios más importantes del Norte de España y el más grande en esta comarca berciana y uno de los principales del Císter en España, cuyo milenario estamos celebrando e íntimamente unido a las fiestas de la Virgen por estar dedicado y tener como titular de la Parroquia Monasterio a Santa María la Real.

          Fue donada por el piadoso rey don Bermudo II "El gotoso", a 6 de las kalendas de diciembre del 990, la Villa de Carracedo con todas sus pertenencias, casas, etc., etc., para que en ella fabricasen iglesia en obsequio de Dios, erigiesen altares y ofreciesen sacrificios por todos los tiempos, dedicado primeramente al Salvador del mundo. Más tarde llegaría la reforma del Císter y cambiarían su titular por el de Santa María la Real. Lo ofrece a Dios y a los monjes para que éstos puedan vivir en él, según la Regla de San Benito, a honra y gloria de Dios, de Santa María y de todos los Santos. Dispuso que su cuerpo fuese enterrado en el monasterio y mandó a todos los merinos y justicias que no entrasen en él ni en su coto sin licencia del Abad o de sus monjes; imponiendo graves penas a la persona que intentase ir en contra de este privilegio

          La formación de la comunidad de Carracedo, según el P. Yepes, fue a causa de la perse-cución de los moros que poblaban los monasterios de León y Castilla, y por tan motivo tuvieron que abandonarlos y refugiarse en las montañas del Bierzo. Así parece también deducirse de las mismas palabras del privilegio del Rey don Bermudo: "Ex abbatibus et eremitanis, qui de magnis tribulationibus et pressuris Sarracenorum cum corporibus et animis evaserunt". Fue por lo tanto el conjunto de Abades y Ermitaños que venían huyendo de las molestias que les causaban las huestes de Almanzor. El rey falleció en el 999 en el palacio monasterio de Villabuena, por lo que no pudo ser enterrado en esta Abadía, ya que estaban los frailes reconstruyéndolo al ser destruido por Almanzor a su paso a Galicia. Según Doña Sancha en el privilegio de 1138, fue traído a Carracedo y estaba sepultado en él: "qua aedificatum est a D. Veremundo Rege, qui in eo sepultus est: usque in die hanc".

          
En el año 1176 Alfonso VII el Emperador, juntamente con su esposa la emperatriz Verengaria, por ruegos de su hermana la infanta Dña. Sancha y con el consejo de los venerables Pontífices, Abades, Condes y poderosos de España a honor de la Bienaventurada Santa María y todos los santos concede al Abad San Florencio con todos los monjes que le están sujetos y lo estarán de aquí en adelante, porque el de Santa Marina de Valverde, cerca de Corullón, donde era Bad, era muy estrecho y angosto y no podía recogerse tanta muchedumbre de religiosos, mandó el Emperador hacer una Iglesia nueva más capaz y ampliar el Monasterio para recoger a todos y a los que venían de Francia para hacer la reforma de San Bernardo: "Porque el ayuno, la oración y la limosna ahuyentan los pecados ya que nosotros no sabemos ayunar ni rezar como conviene, y es bien que con nuestras limosnas hagamos propios los ayunos y oraciones de los siervos de Dios". Y de aquí salieron grandes santos como San Pedro Cristiano, Obispo de Astorga, natural de Rimor. San florencio, Abad de Santa Marina de Valverde y el primero de Carracedo con la reforma, cuyos restos esta¬ban en el panteón de Abades, más tarde en la Iglesia y ahora en la Catedral de Astorga. San Gil de Casayo y Abad de San Martín de Castañeda. San Heriberto, monje de Carracedo y de Claraval, abad de Mosis, arzobispo de Türritano en Zedeña. San Piro, monje de Carracedo, obispo de Astorga y cronista del reino, natural de Sorrribas.

          Y no sólo éstos, sino muchos que están en el anonimato. Pero lo más interesante fue la gran influencia que tenía este cenobio en todos los fieles de la parroquia, tal como lo demuestran los archivos parroquiales de esta Abadía. Aquí tenían los niños acogida para su educación, no sólo moral sino intelectual, en la escuela que tenía el monasterio. Aquí eran recibidos los enfermos para remedio a sus enfermedades, en el hospital que los frailes cuidaban. Aquí venían los pobres de la comarca para remediar las necesidades físicas del hambre. Aquí venían todos los atribulados en sus conciencias a ponerse en paz con Dios, con los demás y consigo mismos.

          Era esta abadía un faro que extendía su luz, no sólo en El Bierzo, sino en muchas partes de Galicia, la zona de La Bañeza, en todo Valderas, etc. Aquí venían de muchísimos lugares para rezar, dar gracias al Señor, alabarle y encontrar el consuelo, la alegría y la paz.

         
Espero que todos los que leáis estas páginas entendáis nuestra alegría. Mil años de fidelidad a la Palabra de Jesús, a la oración, a la alabanza divina, a la caridad y a los sacramentos, no se celebran todos los días. La Parroquia de Carracedo, a la que humildemente sirvo, sucesora y testimonio de la vida religiosa del monasterio, quiere haceros hoy partícipes de su sano orgullo, por cuanto podamos aportar al cultivo del espíritu y al estudio de las raíces de nuestra iglesia en El Bierzo.

          Si os animáis y os acercáis cualquier día a las ruinas de nuestro monasterio, consolida-das este año para no perder tan profundas raíces, experimentaréis en vuestro interior un sentimiento gozoso y, llenos de admiración al contemplar el silencio y la grandeza de estas piedras sagradas, no podréis menos de alabar y dar gracias al Señor con nosotros por estos mil años de gracia.


BIBLIOGRAFÍA: P. Yepes, Coronica de la
Orden de san Benito.- Emilio José Prieto.- Archivo Parroquial de Carracedo.

CURIOSIDAD: En 1916 fue párroco de Carracedo D. Emilio José Prieto.
Tirso-Graciano López Santos (Fue Párroco de Carracedo)
Esto lo escribió en el año 1990... Ya ha llovido